TELENOCHE EMITE BASURA

La libertad de prensa no justifica el sadismo repugnante de las “noticias” policiales que se ven en la TV uruguaya.

Hace cosa de un mes miré el informativo de Canal 4. En vez de información, me encontré con el cadáver de un niño atropellado.

No hace falta ser periodista para saber que el tema del control estatal sobre la información es delicadísimo. En general, personalmente soy bastante liberal en ese sentido. Suelo pensar que la mejor ley de prensa es la que no existe.

Pero espero que estemos de acuerdo que lucrar en horario central con niños muertos no es, ni puede ser prensa. Ponerle una cámara en la frente al padre que acaba de perder a su hijo no es tarea de periodistas, ni de informativistas ni de nadie digno de respeto.

Quizás me digan que la basura que muestran es porque existe demanda. Pues bien, me imagino que también hay demanda para videos de tortura y pornografía infantil y no por eso el Estado la va a dar ondas públicas a quien quiera ofrecerlos.

No quiero prender la tele y ver, en plano lejano, al cuerpo de un niño muerto cuando lo tapan con una sábana blanca. Por respeto a su familia, no quiero que una persona sin corazón les pregunte cómo se sienten en ese momento. No sé si este circo se evita con multas o reglamentaciones; seguramente este sea uno de esos temas complicados que señores importantes tardarán décadas en resolver.

Mientras tanto, aprovecho este espacio para aportar mi granito de arena. Escribí una maldición y quiero que se les pegue como abrojo a todos los/las personas que hicieron posible dicha emisión de Telenoche. A quienes trabajaron en ella y a los anunciantes que pautaron en su tanda. A todos ellos que hurgan diariamente en la peor basura no para reciclarla ni para rescatar algo útil, sino para desparramarla en los livings y en las cabezas de las familias uruguayas.

Los maldigo y espero de corazón:

Que llueva en todos sus cumpleaños.
Que nadie nunca más les regale flores.
Que hordas de viejas llamen equivocado a sus casas, todos los días.
Que cuando vayan a cubrir un accidente, se patinen con la sangre y se manchen toda la ropa.
Que cuando vuelvan a sus casa del trabajo, ningún perfume les quite del todo el olor a muerto.
Que los niños ajenos no les sonrían nunca más y que sus niños propios los lleven al medio de un bosque y allí los abandonen, sin miguitas de pan.
Que les corten el cable, que se les joda la antena y que sólo puedan sintonizar su propio canal.

Esa es mi maldición. Ojalá se cumpla.

Pero hay algo que no se le puede desear a nadie, ni siquiera a ellos, y es estar en la situación de la pobre gente que muestran diariamente. Si llegara a sucederles algo tan espantoso, ojalá que no los sigan las cámaras. Ojalá que no los persigan desconocidos con preguntas morbosas.

Ojalá tengan un buen amigo que les cierre todas las persianas, que les corra todas las cortinas y les apague todos los televisores. Ojalá que en una de esas pantallas apagadas vean su propio rostro reflejado, hinchado por el llanto y entiendan de una vez el daño que le causaron a tanta gente.

Miércoles 10 de noviembre del 2010
Extraido de Espectador.com
Gonzalo Frasca, Ph.D.
Diseñador, Empresario e Investigador
Powerful Robot Games